CUANDO DICIEMBRE DESPIERTA LA MEMORIA.

Una reflexión íntima sobre cómo diciembre despierta recuerdos que parecían lejanos, transforma lo vivido y nos recuerda quienes estamos llegando a ser. Un texto para quienes sienten el peso y la magia de cerrar el año.

Hay años que pasaron de largo.

años que nos empujan a cruzar cercas sin darnos cuenta, dejándonos un poco de piel en el alambre.

Este fue uno de esos. Lo caminé rápido, quizá más rápido de lo que mi propio paso podía sostener... y aun así , aquí estoy, mirando hacia atrás y descubriendo cuanto quedó en el camino, incluso una versión antigua de mí.

Diciembre siempre ha tenido una manera particular de despertarme la memoria.

En mi niñez, estas fechas se sentían inmensas. Todo era tan dulce, más vivo, más simple.

inclusi cuando no había mucho, el mundo entero parecía vestirse de navidad, el olor a pintura fresca en las casas, las calles con un brillo suave y esa neblina del 8 de diciembre... una neblina que, juro, solo aparecía ese día.

hace años no la veo, pero aun puedo recordarla como si la estuviera respirando.

Eran tiempos únicos.

Hacíamos volcanes de cera con las velitas encendidas en casa, y cada pequeño detalle tenía algo que hoy solo puedo llamar magia.

El tiempo pasaba lento; la vida no pesaba tanto.

Ahora, desde esta versión mia que sigue aprendiendo a avanzar, esos recuerdos se sienten lejanos, casi irreales, como un sueño que se desdibuja al despertar.

Me descubro preguntándome de donde vengo y hacia donde voy, con un nudo en la garganta que no se si es tristeza... o nostalgia.

porque el tiempo no perdona pero si transforma.

Regreso mentalmente a casa de mi madre, ese lugar que un día fue mi hogar.

La recuerdo enorme; quizá porque yo era pequeña. Hoy cuando la visito, todo parece encogido.

El árbol de almendras ya no está, en su lugar crece un frondoso árbol de mango, como si quisiera llenar el vacío que dejó y cumplir la función de refrescar la casa, donde siempre las puertas permanecen abiertas, desde que muy temprano en la mañana cuando empieza a oler a café, hasta que la noche llega con su penumbra.

Y sí... la extraño.

Porque también existen navidades que duelen un poco, no por lo que falta, si no por lo que ya no vuelve.

pero aquí estoy, respirando este diciembre, entendiendo que la vida avanza sin pedir permiso, y que la memoria es el puente que nos recuerda quienes fuimos para acompañarnos en lo que estamos llegando a ser.

Ahora, esta pregunta es para ti que me lees...

¿Que recuerdos de tu infancia siguen acompañándote cada diciembre?

déjamelo saber en los comentarios.

Auren...